¿Diseñador = Artista?

Una de las ventajas y al mismo tiempo uno de los mayores hándicaps a los que nos enfrentamos los diseñadores en la actualidad, es que se nos exige que seamos como esponjas que se nutran de todo cuanto les rodea. Realmente nadie te lo ordena literalmente, pero es una necesidad vital para evitar el desfase.
Esto, que en principio habría de ser algo positivo, conlleva una serie de problemas asociados, como por ejemplo, el momento en el que coincidimos o nos cruzamos con otros campos que adoptan un proceso similar como puede ser el mundo del arte.

Un artista como podría ser un pintor se nutre, como decía, de su entorno, de lo que ve, de lo que siente y trata de plasmarlo de la manera que estima conveniente.

El diseñador dista mucho de esta definición en el sentido de la funcionalidad. El diseñador busca, o ha de buscar, la funcionalidad casi por encima de cualquier otro aspecto. Por supuesto, una vez cubiertas una serie de características funcionales, lo ideal es rematar un buen trabajo con una buena estética. Pero me permito la licencia de insistir: un tenedor puede ser la mar de mono, pero si no pincha está destinado al fracaso.

Está claro que una buena idea que acabe siendo un buen producto, debe surgir de un buen planteamiento inicial y que éste normalmente viene precedido de cierto grado de “inspiración trascendental” o de cierto estado de “iluminación”. Quizá es ahí donde el diseñador y el artista convergen. La diferencia viene a continuación.

Cuando el artista tiene una idea, su pensamiento inmediatamente después es el de cuestionarse el modo más adecuado de plasmarla (tarea difícil donde las haya), elegir soporte, materiales, etc., y posteriormente se dedicará a realizarla.

Cuando el diseñador tiene una idea, lo primero que se pregunta es “¿reamente hay una razón por la que deba continuar por este camino?” “¿estoy dando solución a algún tipo de problema existente?” o como ocurre la mayoría de las veces “¿estoy dándole al cliente la solución que quiere?” “¿O la que necesita?” “¿Son lo mismo una y otra?” y este periodo de incertidumbre en el proceso de diseño viene a extenderse durante la mayor parte de éste. A veces incluso va más allá.

Lo que si que parece innecesario cuestionarse es que en la actualidad, aunque por suerte cada vez sucede menos, los únicos que tienen claras esta serie de diferencias entre artista y diseñador son los propios diseñadores, y en ocasiones ni siquiera esto es así.

Recuerdo que mi primer contacto académico con el sector del diseño gráfico en particular, fue en una “Escuela de Arte”. Unos señores del ministerio, de la Junta, o vaya a saber dónde, decidieron que añadir “…y Diseño” a la nomenclatura del centro, una de dos: o era mentir o era innecesario.

Casi a diario escuchaba frases del tipo:

“Esto es lo tuyo, siempre has tenido una mente muy creativa, tienes que ser un buen artista.”

Y yo solo podía contestar encogiéndome de hombros y tratando de forzar una sonrisa. Eso lo decían porque no habían visto mi cuaderno de acuarela…

También coincidí con compañer@s que eran capaces de realizar auténticas obras de arte en bocetos con las más variadas técnicas pero que luego eran incapaces de defender sus proyectos con algo que no fuese más allá de la perspectiva interiorista que conlleva el sentimiento de autor. Mi experiencia me dice que de cara a un cliente, eso no suele servir. Pocas veces se genera un producto tan perfecto que hable por sí solo y el cual no haya que defender de ninguna manera.

Por supuesto, como en todos los gremios, hay diseñadores muy puristas que se desentienden totalmente de la figura del artista. También hay otros que conviven con las dos experiencias tratando de obtener de cada una algo beneficioso. Y por supuesto, están los que aun siendo diseñadores, están más cerca de la figura típica del artista, y probablemente lo sean.

Por otro lado, el diseño, entendido como experiencia audiovisual, comprende multitud de elementos artísticos, y esto ocurre de manera recíproca. Lo fundamental es saber establecer dónde está el límite y tener claro en qué lado de la línea nos encontramos.

Por supuesto es un tema totalmente abierto a debate.

2 respuestas

  1. Marc

    Pienso que un artista es, digamos, el creador de un lenguaje visual, y un diseñador es el que ‘habla’ con dicho lenguaje visual para transmitir ideas. Grandes artistas crean grandes lenguajes, grandes diseñadores hablan el lenguaje que sus clientes necesitan.

    Totalmente de acuerdo con tus reflexiones.

  2. ö

    Interesante reflexión y completamente compartida.

    Hay una frase de Richard Buckminster a la que siempre recurro para saber elegir el lado correcto. Dice así: “En un naufragio, la tapa de un piano puede servirte de bote salvavidas para al menos mantenerte a flote, pero eso no quiere decir que la mejor forma de diseñar un bote salvavidas sea con la forma de una tapa de piano”

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