Es cierto que ya no es tan extraño que empresas pequeñas y medianas se interesen por cuidar el diseño de sus productos. Bien porque realmente piensan que les aporta valor, bien porque solo quiera resaltar en el lineal. Conseguir que aborden con diseño sus procesos internos es otro cantar. Una labor ímproba reservada a mártires del diseño.
Poco tiempo fui creyente y menos aún mártir. Las experiencias en empresas “de toda la vida”, intentando modificar/actualizar sus procesos desde un punto de vista de diseño e innovación han sido siempre extenuantes.
No sólo demandaban una justificación teórica a nivel de diseño (que no solían comprender), sino que también pedían una justificación personal de valía y profesionalidad. Ambas, finalmente, carecían de valor si no se producía un retorno a corto plazo.
Sin embargo, aunque son pocas las empresas tradicionales con las que apetecería ponerse manos a la obra, parece que hay luz al final del túnel. Una gran parte de esas oportunidades están en el modelo Startup.
¿Qué es una Startup?
Según Steve Blank, se trata de una reunión temporal de profesionales que persiguen la confirmación de una hipótesis de mercado. En contraposición a las empresas que tradicionalmente se basan en un plan de negocio.
Las startups comprueban la viabilidad de un producto o servicio en un tiempo relativamente corto. Lo más importante de esto es que están “obligadas” a hacerlo consultando al mercado / consumidor final, aprovechando los medios actuales que facilitan increíblemente la realización de esta consulta. Gracias a esto, entregan una solución que es evaluada por los clientes potenciales y se vuelve a revisar para afinar y volver a testar.
En este proceso de pivotado, la startup revisa sus hipótesis de mercado y reformula las anteriores o añade nuevas. En su capacidad de modificarse y adaptarse residen sus probabilidades de éxito.
¿Cómo puede ser esto una oportunidad en el diseño en la empresa?
Las posibilidades son amplísimas y no solo de cara al producto final.
Se produce un proceso de validación del diseño en paralelo al desarrollo de la propia empresa, mientras esta busca su personalidad y marca que serán testadas una y otra vez contra el mercado. Junto a esta necesidad de pivotar, las estructuras de las startups son muy flexibles así como sus procesos internos.
A diferencia de las “empresas clásicas”, las startups se consolidan conformando sus protocolos de acuerdo con el mercado. Esto es una gran oportunidad para medir el efecto del diseño (gráfico, web, de producto, procesos…) y ponerlo en valor. Un escenario totalmente diferente al que, hasta ahora, estamos acostumbrados.
Estas startups darán lugar a empresas donde “siempre se ha hecho así” pero, en esta ocasión, ese será el mejor argumento para que el diseño nunca desaparezca de su ADN.