Otro día más, decides volver al cine a disfrutar de esa película que llevabas esperando meses. El ritual es casi siempre el mismo. Llegas como media hora antes, compras tu entrada, accedes a un vestíbulo cargado de carteles de próximos estrenos y olor a palomitas, compras el avituallamiento necesario, y cruzas la pesada cortina roja que te separa de la platea.

Caminas por la moqueta y mientras avanzas en dirección a tu butaca, escuchas de fondo el sonido de una banda sonora que recuerdas a la perfección pero no logras ubicar. Compruebas tu fila y tu asiento, revisas que delante de ti no haya sentado nadie con un peinado a lo afro o con un enorme sombrero, y te sientas. Palomitas a un lado, abrigo al otro si no viene nadie más. Como es una película que llevabas un tiempo esperando, tienes el hormigueo en el estómago propio de la predisposición al gozo y al disfrute. Te paras a escuchar a un lado y a otro comentarios sobre el director o los actores por parte de tus compañeros de sala, y mientras rezas esperando que se callen cuando empiece la película y que no entren niños ruidosos en tu fila, se apagan las luces. Terminas de sentarte en esa postura tan ensayada y que tan cómodo te hace sentir y tras el anuncio que te recuerda que debes silenciar el móvil, empieza el espectáculo.
Y como todo espectáculo, como todo libro, como todo disco, lo primero que te llega y te emociona o te decepciona, es su portada, que sin duda en este caso serían los títulos de crédito. Un arte que ha evolucionado desde que el cine es cine y que empezó con un cartel en negro con el nombre de la película hasta todo un imaginario clasificable dentro de los cánones del arte. Y dentro de todo ese círculo artístico hay que hacer referencia obligada sin duda a Saul Bass.



Pero empecemos por aquel cartel en negro de la primera época. Georges Melies decide añadir unas florituras en los laterales de una única secuencia en la que aparece el título de su película “Viaje a la Luna”, y el nombre de la productora. Rápidamente su estilo es copiado y al poco, los directores los integran en sus películas. Ese arte evolucionó hasta que Saul Bass, allá por 1954, decidió estirarlo y deformarlo hasta lograr un producto distinto a lo que se había hecho. Dos títulos después llegaría la película “El hombre con el Brazo de Oro”. Líneas en movimiento se cruzaban al compás de la música en unos créditos que claramente eran puro diseño. Formados y con una sólida línea gráfica, los créditos de Saul Bass marcaron un precedente. Si los créditos de películas como “Casablanca” eran solamente un listado de actores y un título fijo en una tipografía gigantesca, Saul Bass proponía un diseño minimalista, tan propio del constructivismo ruso que tanto le inspiró. Hitchcock, que había trabajado durante su juventud realizando precisamente títulos de crédito, se quedó prendado de ese estilo tan distinto, así que enseguida contactó con él para iniciar una colaboración que le llevaría a participar en el script y story board de Psychosis, donde Hitchcock, tan impresionado por la narrativa de Saul Bass en sus imágenes, lo plasmó en la película del modo más parecido posible. Podéis ver el story board completo de la secuencia de la ducha de Saul Bass en este enlace.
Pero sin duda, el director fetiche de Saul Bass fue Otto Preminger, con el que trabajó en un total de 10 películas, en las que trabajó también en la cartelería, destacando su obra gráfica para todos los directores con los que colaboró:
- Vertigo
- The Shining
- One, Two, Three
- It’s a mad, mad, mad world
- The Human Factor
- Bonjour Tristesse
- Anatomy of a Murder
- West Side Story
- Exodus
Pero el trabajo de Saul Bass no solo estuvo centrado en el cine. Antes y durante el sr. Bass trabajó en la imagen corporativa de muchas empresas estado-unidenses que seguro que os suenan a más de uno, como Kleenex, Warner, Minolta o United Airlines.
Todo un diseñador que como tantos otros, se encargó de revolucionar una base establecida sobre la que muchos opinaban que no cabían más cambios. Gracias a Saul Bass y Otto Preminger, muchos directores comprendieron que debían aprovechar esos minutos iniciales para captar desde el primer segundo la atención del espectador. Christian Annyas, un diseñador alemán cuyo portafolio tenéis que tener en cuenta, realizó “The Movie title Still Colection”, sección en su web que se encarga de recopilar la gráfica de los más destacados títulos del celuloide desde sus inicios, podréis encontrar además un destacado monográfico de precisamente, Saul Bass, y mucho mejor presentado que aquí (¡dónde va a parar!).
Los títulos de crédito evolucionaron hasta llegar a Kyle Cooper, Nine Inch Nails y los créditos de Seven, aunque ese es otro cantar.
Yo sin embargo, y como despedida, hoy me quedo con esta entrada de película, que no sé si la mejor, pero seguro que de las diez mejores que he visto nunca. ¿O no?. Disfrutarla.








